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Arte urbano y derecho a la ciudad

Habitar la ciudad como experiencia significativa y contradictoria implica la posibilidad de sumergirse en un mundo de símbolos y vivencias en los que el arte, a través de sus diversas narrativas y expresiones estéticas, juega un papel fundamental. Así, la ciudad habla y cuenta sus historias, relata las memorias de sus habitantes y ofrece posibilidades formidables para quien quiera participar en el desafío de traducir sus crípticos mensajes. 

Querétaro, ciudad colonial, tiene en su centro histórico motivos de orgullo que la han llevado a ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO desde 1996. Querétaro municipio, constituido por siete delegaciones, tiene más de un millón de personas que habitan la ciudad de múltiples y desiguales maneras: quienes pertenecen a familias de varias generaciones de queretanos, quienes han llegado producto de la migración provocada por el caos en la Ciudad de México, o huyendo de la violencia de otros estados o países, o buscando oportunidades de empleo, educación y una vida más tranquila; quienes viven en zonas residenciales y quienes habitan en zonas suburbanas.

 

 

Y ante la colosal, bella y limpia ciudad colonial, de manera disruptiva y desafiante, emergen de sus distintos rincones jóvenes deseosos de plasmar en la piel de la urbe sus mensajes cargados de rebeldía: tags, bubbles, throw ups, wild style, dirty, piecing, stencil, 3D, para mostrar su forma de pensar, sentir y actuar como individuos y colectivos que se apropian del graffiti como forma de arte urbano o arte callejero. Rafael Cauduro lo denomina “El llanto de las ciudades”.

Creatividad, diversión, adrenalina, irrupción, transgresión y mutación de graffiteros que firman paredes, marcan territorios y protestan para darse cabida en una ciudad que los excluye.

En 2013, una alianza entre el Instituto de Cultura del Municipio de Querétaro y la empresa de pintura Osel (a través de su líder, Édgar Sánchez) generó un proyecto de arte callejero que pretendía ampliar las capacidades expresivas mediante la pintura, entre jóvenes graffiteros, habitantes de colonias marginadas que desearan participar de una metodología alterna a su práctica.

El delegado de Villa Cayetano Rubio de aquellos años se quejaba con el titular de cultura del municipio: “Dígame, ¿qué puedo hacer para atender a una larga fila de señoras que se vienen a quejar porque los jóvenes les pintan sus bardas?”. 

Talleres de muralismo impartidos por importantes artistas queretanos; detección de muros adecuados; diálogo con los dueños para que autorizaran por escrito el mural en su casa y seleccionaran con los jóvenes las temáticas y bocetos; procesos colectivos de creación y encuentros para la reflexión colectiva; producción de una nueva estética urbana; creación de comunidad entre artistas, y entre éstos y los vecinos; obras que logran plasmar identidades juveniles y vigorosas llenas de espiritualidad, motivos prehispánicos, personajes significativos y paisajes luminosos de una urbe cada vez más compleja y desafiante.

En tan solo seis meses de iniciado el proyecto, casi 270 artistas plasmaron 14 000 metros cuadrados en 315 murales llenos de historias, conmovedoras algunas, divertidas otras, pero siempre significativas. Y un nuevo reclamo del delegado de Villa Cayetano Rubio: “oiga, ¿cómo podría atender a todas estas señoras que tengo en mi oficina enojadas porque los jóvenes no les han ido a pintar los muros de su casa?!!!!”

 

 

Esa fuerza creativa y colectiva creció, se visibilizó, se expresó y se explicó: “pues a mí la verdad me gusta esto del muralismo, pero no quiero dejar de graffitear el centro histórico porque da rabia verlo siempre tan limpio, cuando en mi colonia no recogen la basura en días y aquello se hace un cochinero” decía uno. La tensión entre los límites de una zona monumental declarada patrimonio cultural y las desigualdades sociales provocan irrupciones vandálicas como declaración de guerra. Los jóvenes que, en el marco del proyecto de muralismo comunitario, conocen reglas y fronteras diversifican sus estrategias para confrontar una ciudad creciente y amenazante. El monumental Acueducto garabateado ante la indignación de una sociedad que reclama respeto. Los jóvenes rebeldes clamando inclusión.

“Yo viví años avergonzado de que mi abuela fuera indígena y me hablara en otomí; hoy le rindo homenaje con un mural donde la pinto junto con una frase en lengua hñahñú que siempre llevaré con orgullo en mi corazón: Ma gothohu rakwani” dijo otro. (Traducido al español significa: todos somos importantes.)

El 10 abril de 2015, estos artistas de la calle ocuparon la galería de arte municipal “Rosario Sánchez de Lozada” a través de la exposición colectiva “Nueve Arte Urbano”. Su proceso de legitimización social crecía y su capacidad de dialogar con la ciudad los llevó al punto de instalarse en el emblemático ex convento de San Francisco, hoy Museo Regional del INAH mediante la exposición colectiva “Paredes vivas” (17 de julio de 2015); el corazón del centro de la ciudad era invadido por los “bárbaros de la periferia” temidos, despreciados y excluidos.

El arte urbano llevó a muchos de estos muchachos a encontrar una buena fuente de ingresos pintando escuelas, casas y bardas públicas por encargo. Otros, han viajado a varios países en intercambios de cooperación internacional. Algunos siguen graffiteando; unos pocos aún transgreden el centro histórico en busca de adrenalina. 

El proceso llevó a varios de ellos a participar en una de las grandes obras muralísticas del Querétaro contemporáneo: La magna exposición permanente “El agua es una” dentro del Centro Educativo y Cultural Gómez Morin (CECEQ) donde se aprovecharon los muros de su gigantesca arquitectura y en el cual se abrirá próximamente el Museo de Arte Urbano de México (MARUM).

Dicha obra significa 8 mil metros cuadrados de murales que incluyen el CECEQ y las instalaciones vecinas (Centro de Arte Emergente y el Estadio “Olímpico”) y que se iniciaron en 2018 y concluyeron en 2020. Tan sólo en el domo donde se encuentra el péndulo de Foucault y que próximamente será convertido en el planetario, con más de 30 metros de altura, se pintaron murales que tardaron 5 semanas en realizar. “Impulsamos un movimiento hacia la creación de arte en los espacios urbanos, para inspirar procesos de transformación social que promuevan la libertad cultural. Entendemos la cultura como un tejido de símbolos y significados que comunica y vincula a las personas… Llamamos libertad cultural a la capacidad de construir una identidad propia con respeto a la diversidad de alternativas.” (Sánchez G. Edgar. Intersección Nueve. La libertad cultural en el estilo de vida del creador. Edición Equipo Nueva Arte Urbano e INCUSA. México. 2022) Nota a pie de página: Para quienes deseen conocer con mayor detalle la experiencia que aquí se relata, se recomienda leer este libro que se encuentra profusamente ilustrado con fotografías de los murales aquí mencionados.

Carlos Lara afirma que “el derecho a la ciudad es un derecho emergente… después del Forum Barcelona (2004) y el Forum Monterrey (2007) el derecho a la ciudad deja de ser una categoría sociológica para convertirse en una categoría jurídica al promulgarse en la Ciudad de México (julio de 2010)… el derecho a la ciudad es el ejercicio pleno y democrático del espacio público y es una eficaz herramienta para frenar, entre otros fenómenos, el de la gentrificación, el de la “urbanalización” y toda esta vorágine inmobiliaria que pone en riesgo el futuro de las ciudades”. (https://www.instagram.com/reel/Ctcd2OBMmBC/).

El graffiti es cuestionado por muchos al moverse muchas veces al margen de la ley; aquí pretendemos reivindicar el arte callejero surgido de él y evolucionado mediante el ejercicio del “Derecho a la ciudad” realizado por jóvenes artistas emergentes de la periferia de una ciudad con intenso crecimiento demográfico y las complejidades políticas que ello conlleva. Y también reivindicar la calidad artística de estas nuevas estéticas producidas a través de diálogos interculturales (con la participación de artistas nacionales y extranjeros que han enriquecido sustancialmente la calidad del proceso), configurados mediante proyectos como los que aquí se han narrado, en los que se posibilita la ampliación de códigos, vínculos, interacciones y lenguajes para reinventar la ciudad.

 

 

“Ahora, para que lo bueno se vuelva justo debe pasar por ser legal. Falta entonces socializar los pasos para que estas manifestaciones artísticas y culturales, amparadas por la Constitución, encuentren un cauce jurídico-administrativo. Ese es el gran pendiente del arte urbano y el marco ya existe, es el derecho a la ciudad.” (Carlos Lara. Entrevista personal, vías WhatsApp del 1 de diciembre 2023)

El muralismo urbano, colectivo y utilizado como medio de comunicación juvenil que apreciamos en la ciudad de Querétaro, tiene hondas raíces en el muralismo del México post-revolucionario, surge del graffiti para confrontar y agraviar a una sociedad que los excluye y trasciende de una “artificación” propia del paradigma posmoderno hacia la búsqueda de lenguajes plásticos innovadores con una legitimidad social e institucional, que les favorezca el diálogo con esa sociedad, abriendo nuevas posibilidades para habitar la ciudad a través del arte urbano.

José Antonio Mac Gregor

Obtuvo el Premio Nacional de Antropología Social “Fray Bernardino de Sahagún” en 1985, otorgado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. En 2018 le fue otorgado el Premio Nacional de Arte y Cultura “Mil Mentes por México”. Fue Director General del Instituto de cultura del municipio de Querétaro del 2012 al 2015. En 2021 Alliance Morocco Mexicain Culture, Art, Humanity and Peace, le confirió el Doctorado Honoris Causa por sus contribuciones a favor de la ciencia, la tecnología, las artes, la educación, la cultura y la cultura de paz. Fue consultor de la UNESCO, asesor de la Alcaldía de Medellín, Colombia. Encabezó el diseño e instrumentación de tres proyectos que obtuvieron reconocimientos internacionales: el Sistema Nacional de Capacitación y Profesionalización de Promotores y Gestores Culturales de México, por parte de la UNESCO (Buena Práctica de Política Cultural 2006); la Red de Colectivos Culturales Comunitarios de Tamaulipas (Buena Práctica de Política Cultural 2014) y La política cultural del Instituto de Cultura del Municipio de Querétaro, (Práctica Ejemplar 2014), estas últimas otorgadas por el organismo Ciudades y Gobiernos Locales Unidos, con sede en Barcelona y dentro del Programa Agenda 21 de la Cultura. 

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