Echoes de Montréal: el arte de Goulet
- Editor
- noviembre 28, 2025
Por Levy Barragán
A través de su obra, Stephanie Goulet, artista canadiense, nos invita a mirar de nuevo la vibrante ciudad de Montréal. Pero esta vez desde su mirada que descubre cómo la naturaleza reclama su espacio en un contexto urbano, donde el gris del metal y del concreto palpitan con la presencia de criaturas endémicas como lechuzas, pájaros, halcones, pichones, gansos blancos, garzas, coyotes y perros. Presencias que en el ritmo de la vida cotidiana suelen pasar desapercibidas, se vuelven protagonistas de una narrativa que nos recuerda: la vida siempre encuentra su lugar aún en medio del caos citadino.


La belleza está en la mirada que la observa
Al mirar la obra “Echoes de Montréal” esta frase parece más cierta que nunca. Cuántas veces nos hemos encontrado mirando el suelo al caminar, perdiéndonos de una aventura visual inspiradora. Goulet nos recuerda levantar la mirada y explorar la ciudad con una nueva mirada donde en medio del color gris del concreto y el metal, emergen los colores de la vida.

Montreal, una ciudad vibrante
Echoes de Montréal es una obra pictórica que celebra, como ella lo expresa:
“The meeting of two breaths – Two languajes, two materials, two eras.
Between Stone and life, stillness and movement,
The city awakens and remembers.
Montréal breathes through light abd memory,
In a whisper only echoes can hear”
Al mirar con detenimiento sus pinturas, nos invita a reflexionar sobre “qué sería de este monumento sin el ave revoloteando a su alrededor”. Esta reflexión ha traído a mi mente “El Príncipe Feliz” de Oscar Wilde, donde la golondrina dialoga con la estatua ayudándola a cumplir su misión. En esta intertextualidad que genera toda obra con el espectador, se produce también ese diálogo donde los ecos y susurros nos llevan a otras épocas y lugares que hemos experimentado y, posiblemente, olvidado.

Por ejemplo, cuando vi su pintura “The little pink house”, recordé cuando por primera vez, hace tres años, andaba yo montando en bicicleta junto al Canal Lachine rumbo a Old Port, levanté la mirada y tuve que detenerme para mirar de nuevo aquella casita rosa con flores en las ventanas, montada en la cima de fierros viejos y escaleras oxidadas, y recuerdo haber pensado con una sonrisa: “Esto es algo absolutamente surrealista”.

Otra de sus pinturas, “The Fox’s curiosity”, me hizo recordar aquel coyote en busca de un amigo en “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry.

Así, el recorrido que hice durante su exhibición “Echoes de Montréal”, me hizo recordar que siempre tenemos la oportunidad de mirar dos veces el mismo escenario para encontrar detalles que hemos pasado desapercibidos.

Habitar Montreal y vivirla desde una mirada que no se cansa de descubrir la belleza de esta hermosa ciudad vibrante y multicultural, llena de vida y de arte, es a lo que nos invita la obra de Goulet.
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